jueves, 16 de diciembre de 2010

Versiones - L'homme armé


En la Francia del siglo XV se hizo popular una cancioncilla que avisaba sobre los peligros que suponía la soldadesca en tiempos revueltos. La melodía era pegadiza e invitaba a levantar las copas mientras se marcaba el ritmo con los pies. El tema se convirtió en una especie de Waka, Waka renacentista. Sin embargo, la canción habría pasado al olvido de no ser por un grupo de compositores que la utilizaron para darle vidilla a las misas que les encargaban.

L'homme, l'homme, l'homme armé,
L'homme armé
L'homme armé doibt on doubter, doibt on doubter.

On a fait partout crier,
Que chascun se viengne armer
D'un haubregon de fer.


Guillaume Dufay, Josquin des Prez, Cristóbal Morales, Giovanni Pierluigi da Palestrina y compañía compusieron más de 30 misas con una estructura que incorpora la melodía del hombre armado. El problema es que, al ser obras polifónicas muy elaboradas, las notas de la canción original quedan casi totalmente enmascaradas en el resultado final.


Sin embargo, por muy difuminadas que estuvieran, el uso de canciones profanas y libidinosas llegó a mosquear tanto a la Iglesia que terminaron prohibiéndolas en cualquier tipo de obra sacra. Afortunadamente, para entonces la melodía de L'homme armé ya se había asegurado una vida propia por los siglos de los siglos. Amén.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Versiones - Shambala

Existen cosas en las que todos los que aman, odian, adoran, critican, fustigan o veneran Lost están de acuerdo en que molan. Los abdominales de Sawyer, el bikini de Kate, la calva de Locke son algunas de ellas. Pero quizás la mejor de todas sea la música. La selección de canciones que la serie ha ido utilizando para ambientar las aventuras de los chicos perdidos es magnífica. En un episodio de la tercera temporada descubrí una canción pegadiza y con una letra muy ad hoc: Shambala.


Wash away my troubles, wash away my pain
With the rain in Shambala
Wash away my sorrow, wash away my shame
With the rain in Shambala

Everyone is helpful, everyone is kind
On the road to Shambala
Everyone is lucky, everyone is so kind
On the road to Shambala

How does your light shine, in the halls of Shambala
How does your light shine, in the halls of Shambala

I can tell my sister by the flowers in her eyes
On the road to Shambala
I can tell my brother by the flowers in his eyes
On the road to Shambala


Daniel Moore compuso este himno setentero de paz y amor, margaritas en el pelo y buenas vibraciones. Todavía quedaban dos años de pesadilla en Vietnam, y la juventud americana buscaba paraísos más o menos artificiales en la mística oriental. Three Dog Night supo darle el tono de redención personal, mezcla de rabia y esperanza, que el tema requería.

Dos décadas más tarde, el panorama había cambiado radicalmente, y las flores habían dejado paso a los yuppies. En esa época, Rockapella, haciendo honor a su nombre, cantaba temas conocidos haciendo gorgoritos (tipo Bobby McFerrin). Su versión de Shambala es demasiado limpia, sana y políticamente correcta. Faltan los problemas, el dolor, la pena y la vergüenza (la propia, porque viendo el video sobra la ajena).
 

viernes, 10 de diciembre de 2010

Tom Sharpe

En el mundo civilizado, los libros de humor son una cosa muy seria. Aunque, visto desde aquí, cueste creerlo. En España, cuando las librerías reservan un estante para el género, suelen llenarlo con recopilaciones de programas más o menos de broma (El club de la comedia, Gomaespuma, Buenafuente, La hora Chanante y similares) o con tomos que reúnen los mejores chistes de Lepe. Y no digo que estén mal, sobre todo los de Lepe. Pero lo cierto es que la comedia, en la literatura hispánica reciente, adolece de una cierta precariedad. Y eso que, en el Siglo de Oro, nuestros dramaturgos sabían cómo sacar una sonrisa de los espectadores. Luego vino el tío Paco con las rebajas.



Y es que la Comedia, con mayúsculas, es algo más que chistes. Mucho más: ironía, juegos con las palabras, situaciones absurdas… En fin, todo lo que define una película del género. Algunos autores patrios se adentran en sus procelosas aguas, desde Eduardo Mendoza a Elvira Lindo, pasando por Pepe Colubi o Pablo Tusset. Sin embargo, son esfuerzos aislados.

Para encontrar un corpus comicus en condiciones tenemos que viajar hasta las islas británicas. Allí, cultivan el arte de lograr una sonrisa leyendo. O una carcajada. Y, los que lo hacen, suelen pertenecer a dos grandes escuelas: la de la fina ironía y la del humor más basto.

Entre los primeros yo destacaría a Wodehouse, del que ya he hablado en otra ocasión. Esta escuela utiliza un humor basado, sobre todo, en el lenguaje y en las situaciones de enredo argumental. El resultado es elegante y divertido.


Los seguidores de la segunda escuela en el Reino Unido son legión (con Benny Hill a la cabeza). Su humor escatológico y verde a veces parece un poco infantil, muy cercano a los chistes de Jaimito. Sin embargo, hay escritores que lo han sabido dosificar con tramas y personajes realmente conseguidos. Tom Sharpe destaca entre ellos.


Su saga más famosa es la de Wilt. Me gustaron los dos primeros (Wilt y The Wilt Alternative), pero Sharpe exprime demasiado al personaje en los siguientes. En cualquier caso, la serie refleja perfectamente la marca de la casa: situaciones equivocas surgidas por la falta de comunicación de los protagonistas. Es decir, un personaje habla sobre el asunto A, mientras que otro personaje cree que en realidad se está hablando sobre B. Y de ahí, surgen momentos de confusión increíble.


Del resto de sus novelas, también me divirtieron mucho Blott On the Landscape y Porterhouse Blue. En ellas se burla de algunas de las tradiciones más típicamente británicas: su amor por el campo y los colleges universitarios.


Sin embargo, mis preferidas son Vintage Stuff y sus dos primeras novelas: Riotous Assembly y Indecent Exposure. La primera es una parodia sobre los libros clásicos de aventuras juveniles (tipo John Buchan). La historia nos traslada desde el recinto de un colegio privado inglés hasta un pequeño chateau francés. Y sus protagonistas son de lo mejorcito de Sharpe.


En cuanto a las dos primeras novelas, se salen un poco del resto. Para empezar están ambientas en una pequeña ciudad de la Sudáfrica del Apartheid. Tom Sharpe aguantó durante diez años viviendo allí, antes de que el gobierno de Pretoria le deportara. Su venganza fue terrible: dos pequeños libros en los que se burla sin piedad de los afrikaaner. Una pena que no siguiera contándonos más aventuras del Kommandant van Heerden, del Luitenant Verkramp y, sobre todo, del Konstabel Els.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Versiones - Tu vuò fà l’americano

A mediados de los años cincuenta, Europa vivía fascinada por el brillo de Estados Unidos. La moda, la música, las películas, la coca cola... Todo lo que era cool venía de América, el país de la Cucaña.


Cuatro años después de que Berlanga resumiera el espíritu de esa época en Bienvenido, Mister Marshall, Renato Carosone cantaba sus consecuencias. Todos se fingían americanos para estar a la última.


Siendo napolitanos tanto Carosone (músico) como Nicola Salerno (letrista), la canción utilizaba el lenguaje que habían aprendido de pequeños en las calles de Napoli. Tu vuò fà l’americano se convirtió rápidamente en uno de los mayores éxitos de Carosone. Ha sonado como fondo en muchas películas y ha sido cantada por casi todos en Italia.

La combinación de una melodía pegadiza y una letra satírica sobre América no podía quedarse olvidada en discos recopilatorios de las mejores canciones italianas. En los últimos años ha caído en manos de raperos, se le ha aplicado ritmos de ska, sintetizadores, o se ha traducido y adaptado la letra… Hasta se ha reconvertido en canción de verano con la versión sampleada de Yolanda Be Cool.


Estoy seguro de que Renato y Nisa seguirían disfrutando con estas nuevas versiones. Pero para mí, la suya sigue siendo la mejor.

Puorte o’ calzone cu ‘nu stemma arreto
‘na cuppulella cu ‘a visiera alzata.
Passe scampanianno pe’ Tuleto
camme a ‘nu guappo pe’ te fa guardà!

Tu vuò fa l’ americano!
mmericano! mmericano
siente a me, chi t’ ho fa fa?
tu vuoi vivere alla moda
ma se bevi whisky and soda
po’ te sente ‘e disturbà.

Tu abballe ‘o roccorol
tu giochi al basebal ‘
ma ‘e solde pe’ Camel
chi te li dà? …
La borsetta di mammà!

Tu vuò fa l’ americano
mmericano! mmericano!
ma si nato in Italy!
siente a mme
non ce sta’ niente a ffa
o kay, napolitan!
Tu vuò fa l’ american!
Tu vuò fa l’ american!

lunes, 6 de diciembre de 2010

Amin Maalouf

Durante mucho tiempo estuve oyendo alabanzas de León, el africano. La novela se había convertido en lo que yo llamo Bestseller discretos. Libros que todo el mundo lee en el metro, o que te recomiendan tus amigos, pero que no provocan las alharacas mediáticas de El código Da Vinci, La sombra del viento o Los pilares de la Tierra. Según esa peculiar clasificación, Bestseller discretos serían también The Curious Incident of the Dog in the Night-time o l'Élégance du hérisson. Todos suelen ser muy recomendables, pero, no sé por qué, a mi León, el africano no terminaba de llamarme la atención.



Sin embargo, años más tarde, mi afición por la historia me llevó a cruzarme con su autor. Las cruzadas vistas por los árabes es un análisis riguroso y documentado de lo que promete su título. Y se lee como si fuera una novela. Así que decidí seguir leyendo cosas de Amin Maalouf.



Samarcande me enganchó totalmente y me descubrió la vida y la obra de un poeta al que no conocía, Omar Jayyam (afortunadamente el pozo de mi ignorancia no tenía fondo, ni se le espera todavía). Les Jardins de lumière destrozó para siempre la forma en la que había usado hasta entonces el adjetivo maniqueo. Le Rocher de Tanios me llevó a una época y un lugar difíciles de entender (el Libano es lo que tiene).


Y, al final, llegué al principio de todo, Léon, el africano. Quizás no sea el mejor libro de Maalouf. O al menos a mi me gustaron más Samarcande y Les Jardins de lumière. Pero engancha desde el primer capítulo, y es difícil parar de leerlo.


Me esperan todavía sus últimas obras: Les Échelles du Levant y Le Périple de Baldassare. Siguen durmiendo en la estantería a la espera del momento propicio. Disfrutemos ahora de lo que hacemos, como haría Jayyam y no nos obsesionemos con terminar las cosas rápidamente, como nos recomendaria Mani. Ya llegará la hora también para esos libros. A su debido tiempo.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Versiones - Pump Up the Jam

Musicalmente hablando, los años ochenta se ven mejor desde la distancia. Cuanta más, mejor. Uno de los últimos ritmillos discotequeros de la década lo perpetró el grupo Technotronic. Hay que ver el video para darse cuenta por lo que hemos pasado. Ya sabéis, por eso de que aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo, Santayana dixit.



Versiones de Pump Up the Jam ha habido muchas, pero todas supuraban espíritu disco. Sin embargo, en otra galaxia muy lejana (espacio temporalmente hablando) un grupo que venera la memoria del genial Django Reinhardt decidió darle otra oportunidad al tema. Los tres francocadienses de The Lost Fingers (por eso pronuncian un poco raro) pasan la mermelada por la turmix del gypsy jazz. El resultado es mucho más apto para el consumo humano. A disfrutarla.

Pump up the jam, Pump it up
While your feet are stompin’
And the jam is pumpin’
Look at here the crowd is jumpin’

Pump it up a little more
Get the party going on the dance floor
Seek us that’s where the party’s at
And you’ll find out if you’re too bad

Ooh, ayyyh, a place to stay
Get your boody on the floor tonight
Make my day

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Comida para la Bestia

Hay libros que están escritos para ser devorados. Calorías que se absorben rápidamente sin dejar recuerdo, como si fueran golosinas. A lo largo de la historia, este tipo de literatura ha recibido muchos nombres, desde los libros de caballerías y las hojas del cordel hasta los Best Sellers. Yo los llamo comida para la Bestia. Esa que todos llevamos dentro y que, sobre todo en verano, nos pide fast food escrito.


Creo que con estos libros pasa como con las hamburguesas, el problema no es comerlos, el problema es alimentarse exclusivamente de ellos. Y ya sé que dentro de la categoría es posible encontrar manjares exquisitos (El nombre de la rosa también fue un Best Seller). Pero esa es otra historia.

La comida para la bestia más genuina suele discurrir por géneros muy trillados. Algunos han ido cambiando según la época. Donde antes se llevaba la novela del Oeste, ahora se lleva la de mundos fantásticos. Otros siguen siendo los mismos: ciencia ficción, policiaco, intriga, terror, romántico… Y de tanto transitar por ellos, estos géneros han terminado estigmatizados para espíritus sensibles a la Harold Bloom.

Como afortunadamente pocos lectores son tan cretinos como para desechar la comida para la bestia en bloque, cada uno tiene sus favoritos. Y hay miles y miles, de autores y de libros. Dos de los que siempre recomiendo son The Relic y Ender’s Game. Son ya viejillos, pero merecen la pena.


En The Relic, el duo formado por Douglas Preston y Lincoln Child hacen un ejercicio perfecto en definir las características del Best Seller: intriga, terror, aventura, situaciones extremas (los famosos cliff-hanging), personajes de una pieza (a veces de menos)… En resumen, perfecto para el verano. O para pasar las tardes de invierno al calor del sofá.


Ender’s Game juega en otra liga. Es comida para la bestia y es ciencia ficción. Pero también es mucho más que eso. Orson Scott Card nos ofrece una idea muy original y un desarrollo de la historia que lo convierte en uno de los grandes del género.


Algunos de mis autores favoritos de comida para la bestia son: John Buchan, Sapper, Alistair MacLean, James Rollins, Stephen Hunter o Lee Child. Unos mejores, otros no tanto. Todos para ser devorados como si tuviéramos doce años y estuviéramos en el cine con una bolsa enorme de palomitas.