viernes, 24 de septiembre de 2010

The Greatest Animal Stories Ever Told

En el número de septiembre de la revista BBC Wildlife aparece un reportaje del escritor Michael Morpurgo sobre la literatura en la que los animales son los protagonistas (empezando allá por el siglo VI AC con las fábulas de Esopo).

En el reportaje hablan de muchos autores, sobre todo anglosajones, y entre todos los libros que comenta hay algunos que no conocía y que parecen interesantes.













Cuando era pequeño hubo dos escritores con los que disfruté viviendo aventuras en lugares más que remotos, casi mitológicos: Rudyard Kipling y Jack London. 




Las dos partes de El libro de las tierras vírgenes, La llamada de la selva y Colmillo Blanco mantienen esa aureola de recuerdo infantil en la que lo que leímos nos trae imágenes totales de nuestra infancia: colores, sabores, texturas…

Los libros no tienen nada que ver con las películas, más suaves, que se han hecho sobre ellos. La historia es mucho más dura cuando leemos las descripciones de Kipling y London que cuando vemos a Mowgli cantando con Baloo mientras se comen un plátano. Las pelis molan, pero el libro te agarra, o al menos a mi me agarró, y no te suelta para el resto de tu vida.

De aquella época infantil también recuerdo los cuentos de Ernest Thompson Seton y un librito de Mark Twain, El elefante blanco robado. Además, también estaban las explicaciones enciclopédicas y normalmente aburridísimas de Verne en casi todos los libros en los que aparecía algún bicho por allí. En este último caso, lo que las películas han expurgado, bien expurgado está.



De la segunda infancia recuerdo a otro tipo de escritores, la mayoría más serios en esto del mundo animal:
Henry Fabre es el gran clásico. Por desgracia, como casi todos los clásicos, ha quedado un poco desfasado. Sin embargo, como sus libros fueron escritos con ánimo divilgativo, todavía se pueden ojear.
Konrad Lorenz sabía escribir para todos. Nobel en medicina y padre de la etología, sus libros nunca resultaban áridos. Pero el que más ha quedado en mi recuerdo es el de Hablaba con las bestias, los peces y los pájaros.
También pasé por Kenneth Grahame y El viento en los sauces, aunque su tonillo educativo conservador era tan ubicuo que echaba un poco para atrás.



Y por fin el mejor, el de la infancia envidiable y envidiada (aunque luego le diera problemas que tuvo que compartir con los psiquiatras) el maestro Gerald Durrell. Si, es verdad que también había otro Durrell que escribía. Un tal Lawrence. Sin embargo, para mí y para muchos tan sólo era Larry. La trilogía de Corfú nos ponía los dientes largos y el resto de sus libros tan sólo empeoraba nuestro nivel de envidia. De los que no le conozcan todavía sólo puedo envidiar lo bien que se lo van a pasar cuando lo lean por primera vez.

En cuanto al presente, empieza por momentos de pasión por lo más pequeño.



Pedro Gálvez y La hormiga, que, a pesar de estar publicado dentro de una colección de ciencia-ficción, es una entretenida novela-tratado de entomología. Aunque para tratado de mirmecología, el mejor es de Edward Wilson, con el que consiguió el premio Pulitzer. En España se puede encontrar una especie de resumen en su Viaje a las hormigas.

Alessandro Boffa, un italiano que sólo ha escrito un pequeño librito cargado de humor en el que el protagonista muda de especie pero mantiene el tipo: Sei una bestia Viskovitz.



Dr Tatiana's Sex Advice to All Creation es un divertido libro en forma de consultorio en el que Olivia Judson explica las formas más extrañas y, en algunos casos casi increíbles, de reproducción animal.

Richard Adams con su ya casi clásico libro Watership Down no me llegó a enganchar, aunque la historia es buena.

Garth Stein si que me sorprendió en The Art of Racing in the Rain con una historia más o menos normal en la que lo que lo cambia todo es que el que nos la cuenta es el perro de la familia, el budista Enzo. Y por cierto, aunque no lo he leído, me han recomendado en la misma línea es Three Bags Full de Leonie Swann, sobre unas ovejas investigando la muerte de su pastor.

Eso es todo. Aunque lo mejor es que quedan muchos más por descubrir.

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