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miércoles, 5 de diciembre de 2012

J. Maarten Troost



Ha escrito sólo tres libros. Y el cuarto viene en camino. Aunque sabiendo lo que le cuesta ponerse a trabajar, es posible que no escriba muchos más. Pero es una pena. Porque sus historias son muy entretenidas, sus reflexiones bastante acertadas y su forma de expresarse realmente divertida.

La primera vez que pillé un libro suyo lo hice porque me llamó mucho la atención el título. Una buena estrategia de ventas es hacer el producto llamativo. En Italia, las editoriales de Berlusconi han utilizado un sistema tan discreto e inteligente como su dueño: portadas y lomos de colores fosforito.

Maarten usa los títulos para conseguir el mismo efecto. Aunque el anzuelo que hay debajo del cebo es realmente jugoso (Mondadori, por el contrario, nos castiga con bazofias del género de  Valerio Massimo Manfredi).


En The Sex Lives of Cannibals, nos cuenta sus experiencias en una remota isla del Pacífico. Y lo de remota no es un por decir. Kiribati está en el más allá. De todo. Por eso es como si nos hablará de otro planeta. Ciencia ficción mundana con muchísimo sentido del humor.


Tras pasearse en chancletas durante unos meses por Washington D.C, la familia Troost se da cuenta de ese no es un lugar para ellos. Así que en Getting Stoned with Savages vuelven a las islas del Pacífico. Y aunque Vanuatu y Fiji no están tan perdidas como Kiribati, el panorama sigue siendo extraño para los ojos de un occidental (la escena de la caza del cienpies sigue haciendo que se me salten las lágrimas de la risa).

Pero todo lo bueno se acaba. Así que cuando la familia se traslada a California, las pequeñas aventuras cotidianas ya no dan para escribir ese tipo de libros. Las rarezas de los habitantes de The Golden State ya nos las sabemos por el cine que perpetran ellos mismos.


Su último intento de encontrar un lugar en el mundo fue un viaje de prospección a China. El subtítulo de Lost on Planet China lo dice todo: The Strange and True Story of One Man's Attempt to Understand the World's Most Mystifying Nation, or How He Became Comfortable Eating Live Squid.

Se podría acusar a Marteen Troost de ser el típico americano que desdeña los aspectos más sofisticados de cualquier cultura que no sea la suya. Pero teniendo en cuenta que el autor es holandés, de madre checa, que pasó la adolescencia en Canada, trabajó en Estados Unidos y vivió a costa de su mujer (bendita Sylvia) en tres países del Pacífico, la acusación se cae por si sola.

Puede que el relativismo cultural sea un concepto básico para cualquier antropólogo o etnólogo que se precie. Pero en la vida diaria, hay que saber dónde decir basta. Y en sus viajes por China Marteen dice basta cada vez que algo lo está pidiendo a gritos.


Su próximo libro ya está en camino. En Headhunters on My Doorstep: A True Treasure Island Ghost Story la historia vuelve al Pacífico.

Él mismo ya reconocía que no era precisamente un estajanovista: “Personally I regard idling as a virtue, but civilized society holds otherwise”. Pero además de la pereza, parece que otros de sus vicios le han ganado la partida durante estos años. El caso es que tras pasar por Alcohólicos Anónimos, Troost intenta recuperar el sentido de su vida, y el amor de su familia, siguiendo los pasos de uno de sus héroes: Robert Louis Stevenson.

La mezcla de Stevenson y Troost puede ser perfecta. Lo comprobaremos en junio del año que viene.

jueves, 25 de octubre de 2012

Decíamos ayer...


Esta semana he visto ya turrones en las tiendas. La Navidad está a la vuelta de la esquina y la sombra del 2013 nos sobrevuela. Así que ya puedo ir haciendo un pequeño resumen de un año en lecturas:

De lo viejo:
Lo bueno de volver a leer un libro es que vamos sobre seguro. Recuperamos palabras, historias y estados de ánimo con la tranquilidad del que se sienta a tomar un café con un viejo amigo. Patrick Süskind, Roy Lewis, Wodehouse, Italo Calvino, Amin Maalouf, Maarten Troost, Tom Sharpe o Alistair Maclean me han acompañado en momentos en los que me faltaba el ímpetu de la novedad. Prefería descansar con ellos en el borde de la piscina después de haber nadado unos cuantos largos por aguas desconocidas.


Escuchar El perfume y Por qué me comí a mi padre, ha sido un placer renovado. Quizás sea esa la mejor manera de recuperar libros ya leídos, a través de las voces de otros. Es lo que me ha pasado también con Calvino y nuestros antepasados. Y con Maalouf y Leon el africano. Sobre todo si están bien leídos, como ha sido el caso.


Otro que me ha vuelto a visitar ha sido Tom Sharpe. El año pasado recuperé sus novelas sudafricanas y este año le tocaban a Blott y a Peregrine. Troost y Maclean siguen siendo bienvenidos. Vivimos Kiribati y China como si nos las estuviera contando ese viejo amigo del que hablaba antes (pero con cervezas en vez de café). Y en cuanto al Mayor Jonathan Smith, lo único que siento de verdad es que no haya habido más aventuras suyas (de la mejor comida para la bestia, oiga).

 
Wodehouse, no ha vuelto porque nunca se ha llegado a ir. Hay gente que lleva una estampita de un santo en la cartera. Yo llevo siempre una novela del maestro.

No hay más que decir.

miércoles, 27 de octubre de 2010

How to be an Alien

Hay un género especial de libros que se encuentran a caballo entre la autobiografía, los libros de viaje, los tratados de etnografía y los libros de humor. En todos ellos se repite el mismo esquema: el autor se ve inmerso en una cultura nueva y narra sus observaciones sobre las diferencias entre los usos y costumbres que ve a su alrededor comparados con los que ha dejado atrás.

Normalmente, y viviendo en occidente, la mayor parte de estos libros explican el choque cultural de un europeo o norteamericano cuando se trasladan al más allá. Pero, al ser españoles, también tenemos ejemplos desde el otro punto de vista. Nosotros somos ese “más allá” para muchos, sobre todo para los anglosajones.


Desde tratados clásicos de etnografía como The people of the Sierra, de Julian Pitt-Rivers (sobre la vida en Grazalema en los años cincuenta) o South from Granada, de Gerald Brennan (también en la misma época), hasta las más recientes obras de Chris Stewart (que cambió la batería de Genesis por una granja en las Alpujarras). Todos ellos cuentan su visión de gente peculiar con costumbres chocantes. Eso si, no somos los únicos, la Provenza y la Toscana también han servido de escenario para obras del mismo tipo.

Sin embargo, y como para mi España no tiene secretos, las novelas (o relatos, o guías o lo que sea) que más me han gustado sitúan el más allá en otros horizontes:


George Mikes - How to Be an Alien
Los ingleses vistos por los ojos de un húngaro llegado a Gran Bretaña durante la II Guerra Mundial. El enorme éxito del libro cuando fue publicado le hizo continuar con la serie de “How to Be…” hasta el final de sus días. En cualquier caso, y de los que conozco, este sigue siendo el mejor. Su capítulo sobre el sexo se ha convertido en todo un clásico al lograr resumir en once palabras todo lo que se puede decir sobre el tema:
"Continental people have sex lives: the English have hot water bottles."


Nigel Barley - The Innocent Anthropologist
Los dowayos de Camerún vistos por los ojos de un antropólogo inglés con mucho sentido del humor. En este caso el choque cultural es más claro. Los dowayo es un pueblo que, como muchos otros pueblos de África, tienen un conjunto de valores, tradiciones y creencias radicalmente diferentes a las europeas. Y además viven casi desnudos en chozas de barro. El caso es que Barley también disfrutó de las mieles del éxito y volvió a narras sus andanzas con los dowayo en A Plague of Caterpillars. Los dos están escritos con mucha ironía.


J. Maarten Troost - The Sex Lives of Cannibals
Los polinesios vistos por los ojos de de un holandés-canadiense-americano. Un día, el autor decide viajar con su chica hasta una isla perdida en mitad del océano Pacífico. Ella va a trabajar dos años en una organización humanitaria. Él va a dedicarse a escribir, o al menos esa es la teoría. El resultado es una descripción llena de humor sobre la vida en un país a la deriva en mitad de la nada: Kiribati. Después de volver a la “civilización”, Troost se dio cuenta de que sufría el síndrome de Estocolmo y añoraba la vida sencilla al borde del mar, así que partió de nuevo para aquellas latitudes y reflejó sus andanzas en un nuevo libro: Getting Stoned with Savages.


Ruth Benedict - The Chrysanthemum and the Sword
Un japonés trata de explicarle a un occidental cómo es su cultura, sus diferencias y sus múltiples matices. Cuando termina, el occidental le dice, “ahora entiendo su cultura”, a lo que el japonés responde, “entonces es que me he explicado mal”.

El más allá por antonomasia para un occidental es Japón. Que un tipo en taparrabos que come lagartos y tiene siete esposas sea diferente no le choca a nadie. Pero que una cultura sea a la vez tan “desarrollada” y tan radicalmente diferente nos resulta incomprensible.

Desde siempre, Japón ha supuesto un desafío. Tanto, que durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno estadounidense encargó a una antropóloga un manual para comprender la mentalidad nipona con vistas a derrotar a un rival correoso y a pacificar un país raro, raro, raro.

El libro en cuestión se llama The Chrysanthemum and the Sword, y su autora fue Ruth Benedict. Desde entonces se han escrito estanterías enteras del género que nos ocupa sobre el país, pero, todavía hoy, el libro de Benedict sigue siendo uno de los mejores tratados sobre la mentalidad japonesa.

Como siempre, hay muchos más libros (todos somos alienígenas en cuanto nos sacan de nuestro barrio). Empecemos por algo.