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jueves, 25 de octubre de 2012

Decíamos ayer...


Esta semana he visto ya turrones en las tiendas. La Navidad está a la vuelta de la esquina y la sombra del 2013 nos sobrevuela. Así que ya puedo ir haciendo un pequeño resumen de un año en lecturas:

De lo viejo:
Lo bueno de volver a leer un libro es que vamos sobre seguro. Recuperamos palabras, historias y estados de ánimo con la tranquilidad del que se sienta a tomar un café con un viejo amigo. Patrick Süskind, Roy Lewis, Wodehouse, Italo Calvino, Amin Maalouf, Maarten Troost, Tom Sharpe o Alistair Maclean me han acompañado en momentos en los que me faltaba el ímpetu de la novedad. Prefería descansar con ellos en el borde de la piscina después de haber nadado unos cuantos largos por aguas desconocidas.


Escuchar El perfume y Por qué me comí a mi padre, ha sido un placer renovado. Quizás sea esa la mejor manera de recuperar libros ya leídos, a través de las voces de otros. Es lo que me ha pasado también con Calvino y nuestros antepasados. Y con Maalouf y Leon el africano. Sobre todo si están bien leídos, como ha sido el caso.


Otro que me ha vuelto a visitar ha sido Tom Sharpe. El año pasado recuperé sus novelas sudafricanas y este año le tocaban a Blott y a Peregrine. Troost y Maclean siguen siendo bienvenidos. Vivimos Kiribati y China como si nos las estuviera contando ese viejo amigo del que hablaba antes (pero con cervezas en vez de café). Y en cuanto al Mayor Jonathan Smith, lo único que siento de verdad es que no haya habido más aventuras suyas (de la mejor comida para la bestia, oiga).

 
Wodehouse, no ha vuelto porque nunca se ha llegado a ir. Hay gente que lleva una estampita de un santo en la cartera. Yo llevo siempre una novela del maestro.

No hay más que decir.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Comida para la Bestia

Hay libros que están escritos para ser devorados. Calorías que se absorben rápidamente sin dejar recuerdo, como si fueran golosinas. A lo largo de la historia, este tipo de literatura ha recibido muchos nombres, desde los libros de caballerías y las hojas del cordel hasta los Best Sellers. Yo los llamo comida para la Bestia. Esa que todos llevamos dentro y que, sobre todo en verano, nos pide fast food escrito.


Creo que con estos libros pasa como con las hamburguesas, el problema no es comerlos, el problema es alimentarse exclusivamente de ellos. Y ya sé que dentro de la categoría es posible encontrar manjares exquisitos (El nombre de la rosa también fue un Best Seller). Pero esa es otra historia.

La comida para la bestia más genuina suele discurrir por géneros muy trillados. Algunos han ido cambiando según la época. Donde antes se llevaba la novela del Oeste, ahora se lleva la de mundos fantásticos. Otros siguen siendo los mismos: ciencia ficción, policiaco, intriga, terror, romántico… Y de tanto transitar por ellos, estos géneros han terminado estigmatizados para espíritus sensibles a la Harold Bloom.

Como afortunadamente pocos lectores son tan cretinos como para desechar la comida para la bestia en bloque, cada uno tiene sus favoritos. Y hay miles y miles, de autores y de libros. Dos de los que siempre recomiendo son The Relic y Ender’s Game. Son ya viejillos, pero merecen la pena.


En The Relic, el duo formado por Douglas Preston y Lincoln Child hacen un ejercicio perfecto en definir las características del Best Seller: intriga, terror, aventura, situaciones extremas (los famosos cliff-hanging), personajes de una pieza (a veces de menos)… En resumen, perfecto para el verano. O para pasar las tardes de invierno al calor del sofá.


Ender’s Game juega en otra liga. Es comida para la bestia y es ciencia ficción. Pero también es mucho más que eso. Orson Scott Card nos ofrece una idea muy original y un desarrollo de la historia que lo convierte en uno de los grandes del género.


Algunos de mis autores favoritos de comida para la bestia son: John Buchan, Sapper, Alistair MacLean, James Rollins, Stephen Hunter o Lee Child. Unos mejores, otros no tanto. Todos para ser devorados como si tuviéramos doce años y estuviéramos en el cine con una bolsa enorme de palomitas.