lunes, 29 de noviembre de 2010

Versiones - Across the Universe

De la fase trascendental de The Beatles nos quedaron muchas cosas buenas. Una de ellas es esta canción, en la que las palabras y la melodía fluyen como un mantra.


Desde los setenta, muchos ha han querido cantarle al mundo su versión de Across the Universe. Buen rollito y todo eso. Roger Waters, Cyndi Lauper, David Bowie o Rufus Wainwright ponían cara de concentración mental y recitaban el famoso "Jai guru deva om".


Sin embargo yo me quedaría con la etérea Fiona Apple. Su versión sirvió para promocionar una película tan interesante como la canción: Pleasentville (con un estupendo Tobey Maguire, tan bueno como en Wonder Boys). A disfrutarla.

Words are flowing out like endless rain into a paper cup,
They slither while they pass they slip away across the universe.
Pools of sorrow, waves of joy are drifting through my open mind,
Possessing and caressing me.

Jai guru deva om.
Nothing's gonna change my world.

Images of broken light which dance before me like a million eyes,
and call me on and on across the universe.
Thoughts meander like a restless wind inside a letter box,
They stumble blindly as they make their way across the universe.

Jai guru deva om.
Nothing's gonna change my world.

Sounds of laughter shades of love are ringing through my open mind,
Inciting and inviting me.
Limitless undying love which shines around me like a million suns,
It calls me on and on across the universe.

Jai guru deva om.
Nothing's gonna change my world.


viernes, 26 de noviembre de 2010

Daniel Pennac

En las listas de libros más vendidos en todo el mundo siempre suelen aparecer los mismos autores: Dan Brown, Ken Follet, Stieg Larsson, John Grisham… Sólo de vez en cuando se mete entre los cinco más vendidos un escritor propio del país, por aquello del toque folklórico. En estos tiempos de marketing global pasa lo mismo en todos los países. ¿En todos? No. Todavía hay un pequeño reducto que lucha contra el invasor. Francia sigue siendo un lugar aparte en eso de la cultura. Por algo los galos inventaron la palabra chovinismo. Sus listas de Meilleures Ventes siempre se encuentran repletas de compatriotas.



Y es en este mundo aparte, en el que proliferan autores asombrosos. Como Daniel Pennac. Mal alumno, mejor profesor y escritor excelente. Su saga de los Malaussène es su obra más conocida. A lo largo de seis libros, Pennac nos cuenta con mucho humor las increíbles aventuras de una familia todavía más increíble. Para leérselos todos uno detrás de otro: Au bonheur des ogres, La Fée carabine, La Petite Marchande de prose, Monsieur Malaussène, Des chrétiens et des Maures, Aux fruits de la passion.


También me gustó mucho Comme un roman, una reflexión apasionada sobre el arte de leer. De él recuerdo, sobre todo, su declaración de derechos del lector (con más razón que un santo):


          1. Le droit de ne pas lire.
          2. Le droit de sauter des pages.
          3. Le droit de ne pas finir un livre.
          4. Le droit de relire.
          5. Le droit de lire n'importe quoi.
          6. Le droit au bovarysme, à la satisfaction immédiate et exclusive de nos sensations.
          7. Le droit de lire n'importe où.
          8. Le droit de grappiller.
          9. Le droit de lire à haute voix.
          10. Le droit de nous taire.


Le Dictateur et le hamac, Chagrin d'école y L'Œil du loup no me terminaron de enganchar. El primero no pasó el corte de las 50 primeras páginas y ejercí con él mi derecho número tres. Al segundo tan sólo le di un vistazo. Sigue esperando un momento propicio en la estantería. El tercero es uno de los libros que ha escrito para público más joven. Debo estar haciéndome viejo.


De todos sus libros, sin embargo, yo me quedaría con Merci. Una pequeña obra de teatro-monólogo, en la que el protagonista da el mejor discurso de agradecimiento de la historia por el premio que acaba de recibir. Y ya puestos, lo recomendaría en su versión audiolibro, leída por Claude Piéplu.


De hecho Daniel Pennac es uno de los mayores defensores de los libros leídos. Alguna vez ha contado cómo su mujer y él se turnan para leer libros en voz alta en el coche mientras el otro va conduciendo (supongo que tendrán que recurrir a eso por la falta de audiolibros de la que ya he hablado en otra ocasión). En este caso podemos disfrutarlo doblemente. Por el texto en si y por la rareza de que exista el audiolibro.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Lost in Translation

Decía Umberto Eco que traducir es decir casi lo mismo. A veces es más fácil, y casi desaparece el casi, a veces no tanto. No es lo mismo traducir “el cielo es azul” que un chiste de Chiquito de la Calzada. Y en ocasiones, no hay peor ayuda que un diccionario (o el traductor del Google). Taduttore, traditore y todo eso.


En mis múltiples horas de intenso trabajo navegando por Internet he ido reuniendo muestras de que lo más difícil de traducir no son las poesías con rima en ado, ni los textos medievales. Lo peor suele ser la comida. Y es que hay cosas con las que no se juega. Los siguientes son ejemplos reales sacados de menús de restaurantes supuestamente bilingües. Mi favorita es la última. Y la solución al enigma, en los comentarios.

- Attacked of vegetables
- Bread, water and it came
- Tomato salad with nice
- Handle shake
- I collide to the iron
- Menu with housekeeper
- You toast
- Bread of you happen
- You live with ham

lunes, 22 de noviembre de 2010

Versiones - Sweet Home Alabama

Un himno al espíritu del Sur, compuesto a pachas por tres de los componentes del grupo Lynyrd Skynyrd (ninguno de los cuales, por cierto, había nacido en Alabama). La canción, en la que se reivindica la imagen palurdo-conservadora de los Good Ole' Boys, se convirtió en un gran éxito allá por 1974, aunque no hubo muchos negros que la fueran silbando por la calle. Y aun sigue sonando.

Muchos han grabado desde entonces su versión de la canción. Hasta Calamaro ha cantado Sweet Home Buenos Aires (sin aportarle nada nuevo, por cierto). Pero la versión que de verdad la redimiría de su tufillo xenófobo y carca llegó hace ya tiempo. A mediado de los ochenta, Siniestro Total hizo de Miña terra galega todo un himno de la morriña. Todavía hoy merece ser cantada en medio de alalás.

A una isla del Caribe
he tenido que emigrar
y trabajar de camarero
lejos, lejos de mi hogar.

Me invade la morriña
el dolor de Breogán;
cuando suena la muiñeira
el llanto empieza a brotar.

Miña terra galega
donde el cielo es siempre gris
Miña terra galega
es duro estar lejos de tí.

Donde se quejan los pinos
y se escuchan alalás
donde la lluvia es arte
y Dios se echó a descansar.

Las zanfoñás de Ortigueira
los kafkianos de Jaján
la liga armada galega
y el pazo de Meirás.


jueves, 18 de noviembre de 2010

Escritoras

Si el arte refleja la sociedad que lo crea, lo cierto es que todavía seguimos siendo bastante machistas. No hay muchas pintoras, ni escultoras, ni arquitectas, ni músicas de renombre. No hay muchas escritoras tampoco. Aunque parece que la cosa va mejorando, todavía la mayor parte de las mujeres que se dedican a ganarse la vida escribiendo lo hacen en dos géneros: libros infantiles y policíacos (en todas sus variantes). Tres si tenemos en cuenta el género “chic”. Pero escritoras sin adjetivo, todavía hay pocas.

Y el caso es que les debo mi afición a los libros a dos damas, una inglesa y la otra finlandesa (¿o se dice finesa?).


De Enid Blyton poco se puede decir que no sepa quién tenga más de 30 años. Todos hemos disfrutado con sus series, todos tenemos nuestra favorita (la mía es Torres de Malory, aunque mi libro preferido sea El secreto de la isla). A todos nos ha parecido curiosas las peculiares costumbres alimenticias de los ingleses: pasteles de riñones (un oxímoron para cualquiera en su sano juicio), cerveza de jengibre y cosas por el estilo. Y los festines de media noche.


En su momento, Blyton fue vilipendiada por la crítica. Lo que dice mucho de la crítica, que ahora la toma con JK Rowling. Pero lo cierto es que la autora inglesa está en el corazón de todos los que hemos compartido con ellas muchas tardes (y noches con linternas debajo de las sábanas). Y lo mejor es que su fórmula sigue funcionando con las nuevas generaciones.


A Tove Jansson no la conoce tanta gente fuera de los países escandinavos. Pero todavía recuerdo el día que cogí un libro suyo del bibliobús que paraba los jueves delante de mi colegio. La familia Mumín me cautivó (ya, ya, es una palabra un poco cursi, pero es la que mejor refleja mi relación con el libro). Y cautivo y desarmado me leí y releí las historias de Mumín, Esnorquita y Mauricio cienes y cienes de veces (bueno, a lo mejor sólo fueron quince, pero ya le vale).


Luego vinieron La familia Mumin en invierno, Memorias de Papá Mumin, La llegada del cometa, Una noche de San Juan bastante loca y La niña invisible. Todos tenían el mismo tipo de humor surrealista y aventuras extrañas que me habían gustado de ella. Sin embargo, sus libros son más infantiles que los de Enid Blyton, por lo que al cabo de unos años los fui dejando de lado. Me esperaban Stevenson, London, Kipling y compañía. Muchos años más tarde volví a recordarla con El libro del verano. Un libro adulto y delicioso con toques autobiográficos.

Ahora escritoras como JK Rowling o Cornelia Funke han tomado el testigo de Blyton y Jansson. Están forjando nuevas hornadas de devoradores de papel. Y los críticos siguen ladrando. Señal de que cabalgan. Y al galope tendido.

martes, 16 de noviembre de 2010

Memorable Movie Quotes

Las listas nos fascinan. Montones de libros, revistas o webs las utilizan para cebar sus anzuelos. Y, como ingenuos pececillos, allá que vamos todos. Y yo, el primero. Así que ha llegado el momento de poner aquí algo de carnaza también. Un lista de algunas de las frases más famosas en el mundo del cine. No están todas las que son, pero si son todas las que están. Comienza el juego…


I've a feeling we're not in Kansas anymore.
Me Tarzan, you Jane.
Go ahead, make my day.
I'm gonna make him an offer he can't refuse.
May the Force be with you!
Play it, Sam.
You talking to me?
Why so serious?
Hello. My Name Is Iñigo Montoya. You Killed My Father. Prepare to Die.
I am your father.
Frankly, my dear, I don't give a damn.
... and two hard boiled eggs.
I see dead people.
As you wish.
I'm not bad, I'm just drawn that way.
My precious.
To infinity and beyond.
My name is Bond... James Bond.
Hasta la vista, Baby.
I love the smell of napalm in the morning.
I scream, you scream, We all scream for ice cream!
We're on a mission from God.
Yippee-ki-yay motherfucker!
Well, nobody's perfect.
We will always have Paris.
Beam me up, Scotty!
You know how to whistle, don't you, Steve? You just put your lips together...and blow.
My Mama always said, 'Life was like a box of chocolates'.
Made it, Ma! Top of the world!
Do you like movies about gladiators?
When the legend becomes fact, print the legend.
"The party of the first part..." is hereinafter called: "the party of the first part..."
The stuff that dreams are made of.
Wax on, wax off.
Phone…home…
The Horror. . . The Horror.
I’ll be right back.
As God is my witness, I'll never be hungry again.
Lie to me. Tell me you still love me.
It's alive! It's alive!
I think this is the beginning of a beautiful friendship.
Let's go home, Debbie.
Love means never having to say you're sorry.
It's not personal, it's strictly business.
Houston, we have a problem.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Versiones - The Anacreontic Song

Carpe Diem. Muchos han sido los poetas que se han dado cuenta de una gran verdad: la vida es corta, así que merece la pena disfrutar del amor y del vino ya mismo y dejarse de tonterías. Omar Jayyam, por ejemplo, no paró de hacer apología de la farra. Y Anacreonte, un poeta que vivió hace 2.500, también se hizo famoso en Grecia por sus cantos a la vida. De hecho, Anacreonte se convirtió en emblema de un pequeño club de caballeros londinenses llamado, precisamente, The Anacreontic Society. Su objetivo: disfrutar de la bebida y de la buena música allá por el siglo XVIII.


A los pocos años de la fundación del club, John Stafford Smith puso música a un pequeño poema escrito por Ralph Tomlinson, que había sido presidente de la sociedad, y así nació The Anacreontic Song. La canción se convirtió en un verdadero éxito entre los visitantes asiduos de las tabernas a los dos lados del Atlántico. Una especie de Asturias, patria querida en versión inglesa.

To Anacreon in Heav'n where he sat in full Glee,
A few Sons of Harmony sent a Petition,
That He their Inspirer and Patron wou'd be,
when this Answer arriv'd from the Jolly Old Grecian.

"Voice Fiddle and Flute no longer be mute
I'll lend you my Name and inspire you to boot
And besides I'll instruct you like me to Intwine
The Myrtle of Venus with Bacchus's Vine


A pesar de su éxito, esta cancioncilla no habría llegado hasta nuestros días si no hubiera sido por una versión posterior que la hizo mucho más famosa. Y eso que ya no requería una jarra de ale en la mano para ser cantada. En septiembre de 1.814, Francis Scott Key le puso una nueva letra a la melodía. El resto es historia.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

El otro periodismo

Aunque parezca mentira, hay tipos de periodismo que discurren por rutas poco transitadas, honrando la profesión. Si, si. No sólo existen reproductores de notas de prensa y vendedores de alfombras. No todo es autobombo de grupos mediáticos con intereses en todo: cine, música, política, editoriales…

Hay periodistas que salen a buscar la vida y tratan de llevarnos hasta nuestras casas una realidad de la que no sabemos nada. Por incómoda o por lejana. Gente como Günter Wallraff o como Ryszard Kapuściński.


Günter Wallraff se ha hecho famoso por su forma de trabajar: se introduce en un grupo determinado de personas como uno más, y luego cuenta su historia. Con rigor y respeto. Sobre todo, con respeto. De esta forma a lo largo de su larga vida se ha hecho pasar por mendigo, alcohólico, teleoperador, trabajador en mil y una fábricas diferentes, periodista, turco en Alemania, iraní en Japón, negro…

Sus reportajes nos presentan siempre una realidad de la que nada sabemos, o nada queremos saber, aunque se encuentre a la vuelta de la esquina. Una realidad que margina al débil, al extranjero, al analfabeto, al enfermo. Una realidad que, por otra parte, es más fácil de cambiar de lo que creemos. Tan sólo basta con que se conozca, con que deje de quedar oculta bajo la alfombra para que empiece a resolverse. O al menos para que se haga algo.


Aunque, en mi opinión, su mejor trabajo es Cabeza de turco, merece la pena echarle un vistazo a su último libro en español. En Con los perdedores del mejor de los mundos, Wallraff vuelve a las andadas. La Alemania, la Europa, actual sigue teniendo su lado oscuro. Y hace falta conocerlo.


Ryszard Kapuściński murió hace tres años, pero nos ha dejado una obra en la que el periodismo y la literatura se dan la mano de una forma excepcional. Al contrario que en el llamado Nuevo periodismo, lo que nos cuenta no es literatura por la forma. Lo es por el fondo. Porque lo que revivimos a lo largo de sus libros es lo que él vio con sus propios ojos. El miedo, la angustia, la alegría, la decepción o la esperanza que narra le rodearon durante todo el tiempo.


Sus libros son todos muy recomendables. Los más famosos quizás sean El Emperador y El Sha o la desmesura del poder. El primero narra su estancia en la Etiopía de Haile Selassie. El segundo nos descubre el Irán y la persona del Sha Mohamed Reza Pahlevi.


A mi me gustaron más Ébano, en donde recoge sus impresiones sobre varios países africanos por los que pasó, o Viajes con Herodoto, todavía más autobiográfico y en el que reflexiona sobre la forma de contar las cosas que tenía el griego y el periodismo actual.


La guerra del fútbol (más sobre África y reportajes sobre Centroamérica, como el que da título al libro), Los cínicos no sirven para este oficio (reflexiones sobre el periodismo a través de varias entrevistas) o La jungla polaca (con reportajes de sus años mozos) son interesantes, pero me gustaron menos.


Finalmente, mis preferidos son: El Imperio y Un día más con vida. El primero nos lleva a través de la historia de la Unión Soviética, desde sus recuerdos de infancia, con una Polonia hambrienta, hasta sus viajes por la URSS cuando ya era un periodista hecho y derecho. El segundo nos relata sus experiencias en Angola en 1975, cuando la retirada de los portugueses dio origen a una guerra para hacerse con el poder del nuevo país. Lo mejor que se podía esperar en aquellos días era terminar la jornada haciendo honor al título del libro.

En definitiva lo que une a estos dos periodistas es que, tanto para Kapuściński como para Wallraff, sólo cuenta lo que se vive en primera persona. Lo demás, es corta y pega.

Por cierto, todos los libros están editados en España por Anagrama. No me pagan nada por hacerles publicidad. Pero el que una editorial tenga en sus fondos tantos libros interesantes no es casualidad, y merece hacerles justicia.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Versiones - Where Did Our Love Go


Lamont Dozier y los hermanos Brian y Edward Holland fueron los creadores de la mayor parte de las canciones que forjaron el sonido Motown. Durante el verano de 1964, una de sus creaciones lanzó a la fama a un grupo que se haría un hueco por derecho propio en la música estadounidense: The Supremes. La canción era Where Did Our Love Go.


El éxito que alcanzó el tema hizo que se produjeran muchas versiones. Incluso The Supremes llegaron a grabar la canción en alemán. Sin embargo, todas eran clones de la versión original. Hasta que, en los 80, la canción se modernizó con los sintetizadores del grupo británico Soft Cell. Su versión de Tainted Love, otra canción de los 60, se fundía lentamente con el éxito de The Supremes. El resultado es, cuando menos, original.



Baby, baby
Baby don't leave me
Ooh, please don't leave me
All by myself

I've got this yearning, burning
Yearning feelin' inside me
Ooh, deep inside me
And it hurts so bad

You came into my heart
So tenderly
With a burning love
That stings like a bee

Now that I surrender
So helplessly
You now wanna leave
Ooh, you wanna leave me

Ooh, baby, baby
Where did our love go?
Ooh, don't you want me
Don't you want me no more

Ooh, baby
Baby, baby
Where did our love go
And all your promisses
Of a love forever more

I've got this yearning, burning
Yearning feelin' inside me
Ooh, deep inside me
And it hurts so bad

Before you won my heart
You were a perfect guy
But now that you got me
You wanna leave me behind
Baby, baby, ooh baby

Baby, baby don't leave me
Ooh, please don't leave me
All by myself

Ooh, baby, baby
Where did our love go?

La canción no sido nunca abandona del todo. Grupos de todo tipo, desde The Pussycat Dolls hasta The Twister's, pasando por las mismísimas Spice Girls han tratado de dejar su huella en el panorama musical con este tema. El resultado deja bien claro que Diana Ross, Florence Ballard y Mary Wilson jugaban en otra liga.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Apología del cuentacuentos

Los primeros libros fueron contados en voz alta de generación en generación hasta que alguien decidió ponerlos por escrito. A lo niños también les fascina que les contemos cuentos, incluso cuando ya saben leer y podrían buscarlos por si mismos. Sin embargo, al crecer, las sociedades y las personas parece que vamos olvidando la fascinación que ejercen sobre nosotros los narradores de historias.


Y lo bueno es que los cuentacuentos han vuelto. No sólo los de carne y hueso que llenan las bibliotecas, escuelas o salones municipales los fines de semana. No, me refiero a los audiolibros. Pocos placeres hay tan sencillos y mágicos como el que alguien nos lea un libro como cuando éramos pequeños.

En el coche, en el autobús o el tren que nos lleva al trabajo, mientras paseamos al perro, cuando corremos, durante las esperas en el aeropuerto… A pesar de que el trabajo y la familia nos “comen” muchas horas de vida, todavía tenemos tiempos muertos que pueden ser llenados con las historias que más nos gustan. O al menos, lo puedes hacer si eres inglés o alemán. Si eres español, francés, italiano o portugués la cosa está más cruda.

Supongo que la razón tendrá que ver con el tamaño del mercado, pero lo cierto es que de los países europeos que conozco (no sé que pasará en el norte, ni en el este, ni en Japón o China) sólo el mercado inglés tiene una oferta en condiciones. De hecho, en Estados Unidos se publican a la vez casi todas las novelas en los cuatro formatos: hardcover, paperback, e-book y audiobook. En España tenemos el Quijote, algunos libros de autoayuda y poco más. En Italia y Portugal, lo mismo. En Francia hay algo más, pero siguen siendo tuertos con dioptrías. Sólo en Alemania se publican suficientes audiolibros como para poder decir que la oferta te permite elegir.

Cuando todo el mundo lleva un aparato que reproduce ficheros de audio en el bolsillo, tienen que existir razones de peso para que las editoriales no cubran ese hueco. O eso o la ineptitud de los responsables de esas editoriales supera la de las grandes empresas de otros sectores. Algo difícil de creer, el listón está muy alto.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Luciano De Crescenzo


Hace mucho tiempo, un pequeño libro cayó en mis manos: Oi dialogoi. Ni conocía a su autor, ni tenía muy claro qué esperar del librito en cuestión. Lo empecé con un poco de desconfianza, pero al cabo de un par de páginas ya estaba totalmente enganchado con las andanzas del profesor Bellavista y fascinado por el humor y el cariño con el que De Crescenzo mezclaba a Platón y a los napolitanos.


Nada más terminarlo, recuerdo que busqué el primero de la saga: Così parlò Bellavista. Disfruté tanto como con el primero (que en realidad era posterior, pero da igual). El caso es que el tipo cogía la filosofía triste y aburrida que habíamos estudiado en el colegio (y ya es difícil hacer que los griegos parezcan aburridos, pero el caso es que algunos profesores lo conseguían) y la ponía en la calle. Pero no en una calle cualquiera. Eran las calles de Nápoles, una ciudad mítica que no es ni europea, ni africana, ni asiática. Es un espacio propio de cultura, caos, basura, mafia y vida.


Luego vinieron los dos tomos de la historia de la filosofía griega: I presocratici y Da Socrate in poi. En ellos ya sólo hay historia antigua y filosofía clásica, pero presentada con tanto humor y sencillez que consigue que olvidemos los personajes sagrados que nos vendieron en el cole y veamos debajo de la máscara erudita a las personas reales que parieron todo lo que había que parir. Ya lo dijo Alfred Whitehead: "Western philosophy is just a series of footnotes to Plato."


Con el tiempo, Luciano de Crescenzo se convirtió en un personaje famoso en Italia. De los libros pasó a la televisión e incluso al cine (llegó a dirigir y dar vida a Bellavista en las dos películas que se rodaron). Y siguió publicando, a casi libro por año. Aunque no es oro todo lo que reluce. Continuó con su historia de la filosofía en Storia della filosofia medioevale y dos tomos de Storia della filosofia moderna, pero no tienen la chispa de los griegos (ni los filósofos ni los libros).


Del resto de su obra, merece la pena leer los libros sobre las obras de Homero: Elena, Elena, amore mio, I miti degli dei, I miti della guerra di Troia, Nessuno y I grandi miti greci. Algunos mejores que otros, pero todos son interesantes y entretenidos.

Libros para las tardes tontas en las que no estamos para leer a Joyce y en las que Heidegger no termina de atraernos, vaya usted a saber por qué. A ellos.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Versiones - Man of Constant Sorrow


Esta canción folklorica tradicional de Estados Unidos fue grabada a principios del siglo XX por Dick Burnett (de hecho, algunos le atribuyen a él la autoría de la misma). Emry Arthur volvió a grabarla a finales de los años 20, pero la canción no se puso realmente de moda hasta los 50, gracias a un grupo legendario de bluegrass: los Stanley Brothers.

Ya en los sesenta, Roscoe Holcomb y su banjo la redujeron a la mínima expresión. Otros, como los New Lost City Ramblers, le dieron más vidilla. Pero fueron Joan Baez y Bob Dylan los que la mantuvieron viva. De hecho, Dylan la incluiría en su primer disco, allá por el año 1962, y la cantaría en su primera aparición en televisión un año más tarde. Sus versiones son muy sencillas y están desprovistas de la alegría que los Stanley Brothers le habían dado. Lo que quizás sea lógico, teniendo en cuenta la letra de la canción.


Con los años, Man of Constant Sorrow fue quedando relegada al olvido. Todavía seguía apareciendo en el repertorio de grupos de música Folk, pero no era un tema demasiado escuchado.


Y entonces llegaron los Coen en el 2000. O Brother, Where Art Thou? Es una película entretenida, divertida, con actores de primera (George Clooney, John Turturro, Tim Blake Nelson, John Goodman y Holly Hunter) y con una banda sonora excepcional. Y el tema estrella es el que cantan los protagonistas varias veces a lo largo del filme: Man of Constant Sorrow. A disfrutarla.

In constant sorrow through his days

I am a man of constant sorrow
I've seen trouble all my day.
I bid farewell to old Kentucky
The place where I was born and raised.

For six long years I've been in trouble
No pleasures here on earth I found
For in this world I'm bound to ramble
I have no friends to help me now.

It's fare thee well my old lover
I never expect to see you again
For I'm bound to ride that northern railroad
Perhaps I'll die upon this train.

You can bury me in some deep valley
For many years where I may lay
Then you may learn to love another
While I am sleeping in my grave.

Maybe your friends think I'm just a stranger
My face you'll never see no more.
But there is one promise that is given
I'll meet you on God's golden shore.