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lunes, 29 de octubre de 2012

De lo nuevo, lo peor


Aquí no hay nada seguro. Los ha habido malos y buenos. Ha habido decepciones y encuentros milagrosos. Sin embargo, pocos han sido los libros que han muerto en las primeras páginas.

Los peores han sido los dos segundos de la trilogía de Los juegos del hambre (el primero se salva), El fantasma de la Ópera (buena idea, mal escrita), Una princesa de Marte (la película de John Carter es mucho mejor) y los últimos de Lee Child, James Rollins y Eduardo Mendoza.


El caso del de Mendoza me duele especialmente. Si, ya sé que me lo podía esperar después de lo que ha escrito últimamente. Pero no desespero de volver a encontrar una nueva cripta embrujada (Digresión 1: uno de los peores títulos de la historia de la literatura. Y la envidia de aquellos que leen las dos primeras páginas por primera vez, sin saber qué es lo que tienen entre las manos. Digresión 2: la misma envidia de los que ven por primera vez Familia, sin referencias previas).


Otros que se han ganado un puesto en la sección del olvido:
Blotto, Twinks and the Ex-King's Daughter (no sé dónde había leído que Simon Brett hacía una parodia de los libros de Wodehouse. Ja!). The Untamed, de Max Brand (tan sólo una mala novela de Oeste). Espía de Dios, en la que Juan Gomez-Jurado se sube al carro del Código Da Vinci. David Baldacci, que nos ofrece en The Innocent más bazofia que comida para la bestia. Y para terminar, Luis Piedrahita nos demuestra por qué es tan difícil escribir cosas cómicas en Dios hizo el mundo de siete días... y se nota. (si, se nota).

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Comida para la Bestia

Hay libros que están escritos para ser devorados. Calorías que se absorben rápidamente sin dejar recuerdo, como si fueran golosinas. A lo largo de la historia, este tipo de literatura ha recibido muchos nombres, desde los libros de caballerías y las hojas del cordel hasta los Best Sellers. Yo los llamo comida para la Bestia. Esa que todos llevamos dentro y que, sobre todo en verano, nos pide fast food escrito.


Creo que con estos libros pasa como con las hamburguesas, el problema no es comerlos, el problema es alimentarse exclusivamente de ellos. Y ya sé que dentro de la categoría es posible encontrar manjares exquisitos (El nombre de la rosa también fue un Best Seller). Pero esa es otra historia.

La comida para la bestia más genuina suele discurrir por géneros muy trillados. Algunos han ido cambiando según la época. Donde antes se llevaba la novela del Oeste, ahora se lleva la de mundos fantásticos. Otros siguen siendo los mismos: ciencia ficción, policiaco, intriga, terror, romántico… Y de tanto transitar por ellos, estos géneros han terminado estigmatizados para espíritus sensibles a la Harold Bloom.

Como afortunadamente pocos lectores son tan cretinos como para desechar la comida para la bestia en bloque, cada uno tiene sus favoritos. Y hay miles y miles, de autores y de libros. Dos de los que siempre recomiendo son The Relic y Ender’s Game. Son ya viejillos, pero merecen la pena.


En The Relic, el duo formado por Douglas Preston y Lincoln Child hacen un ejercicio perfecto en definir las características del Best Seller: intriga, terror, aventura, situaciones extremas (los famosos cliff-hanging), personajes de una pieza (a veces de menos)… En resumen, perfecto para el verano. O para pasar las tardes de invierno al calor del sofá.


Ender’s Game juega en otra liga. Es comida para la bestia y es ciencia ficción. Pero también es mucho más que eso. Orson Scott Card nos ofrece una idea muy original y un desarrollo de la historia que lo convierte en uno de los grandes del género.


Algunos de mis autores favoritos de comida para la bestia son: John Buchan, Sapper, Alistair MacLean, James Rollins, Stephen Hunter o Lee Child. Unos mejores, otros no tanto. Todos para ser devorados como si tuviéramos doce años y estuviéramos en el cine con una bolsa enorme de palomitas.