En 1930 una cancioncilla llamada Chica egipcia daba vueltas por Oriente Medio haciendo las delicias de gentes de todo credo. Cuenta la leyenda que, muchos años más tarde durante un concierto, un chico apostó con Dick Dale a que no era capaz de tocar una canción con una única cuerda de su guitarra. Dick recordó que su tío, que era de origen libanés, solía tocarle Misirlou cuando era pequeño usando sólo una cuerda del laúd. Y así, dándole un poquito más de caña al tema, se sacó de la manga un éxito que haría que todos los surferos siguieran moviendo las caderas en tierra firme.
Con el tiempo, la canción se fue quedando olvidada. Sólo algunas versiones recordaban el tema. Y recordaban también que no todo el mundo ha nacido para cantar (si, lo digo por vosotros Gino e Dorine). Hasta que llego Tarantino y volvió a convertirla en himno de modernidad.
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